El momento humano

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¿Cuántas veces en tu trabajo has sentido estrés, incertidumbre, malestar o falta de claridad, necesitando un poco de dirección o ayuda de tu jefe directo? Esto es muy común en cualquier equipo de trabajo, la diferencia entre cómo se desenvuelva esta situación es la confianza o capacidad de entablar un momento de conexión con tu jefe para presentar las inquietudes, pero por extraño que parezca en gran número de organizaciones y equipos de trabajo conseguir ese momento es una tarea casi imposible.

Los jefes que con una agenda complicada van de un lugar a otro, de una llamada a otra y en el inter con su teléfono dando seguimiento a asuntos pendientes o revisando sus correos electrónicos y que además no promueven un tiempo y espacio adecuado para conectar con los integrantes de su equipo de trabajo, hacen que resulte inapropiado o imposible discutir asuntos complejos con ellos.  Estos jefes a veces son incapaces de notar las necesidades de comunicación de su equipo de trabajo.

A veces, incluso en “los tiempos muertos” compartidos no sucede la presentación de inquietudes por parte de los empleados, si el jefe no tiene la habilidad de estar realmente presente. Estar presente es un ejercicio que va más allá de estar físicamente en el mismo espacio, si no se está intelectual y emocionalmente presente en ese momento algunos empleados no encontrarán el momento adecuado para compartir inquietudes que pueden estar comprometiendo su desempeño o los resultados deseados del área.

Esta mecánica genera mucha ansiedad en los empleados, ansiedad que tiene un antídoto simple: una conversación cara a cara. Para los empleados esta falta de comunicación hace que el jefe se convierta en cómplice de su ansiedad y desgaste emocional, escalando su malestar de la ansiedad a la impotencia y al enojo.

Incluso el jefe puede estar esperando que sus empleados se acerquen o sientan la libertad de compartir estas inquietudes, hasta incluso molestarse por la falta de acercamiento y comunicación por parte de su equipo, sin darse cuenta de las barreras que existen. En esta mecánica, ambas partes se están volviendo locos sin ninguna razón. Pero para darse cuenta de ello, necesitan reconectarse y necesitan hacerlo en persona. Necesitan experimentar lo que yo llamo el momento humano: un auténtico encuentro psicológico que sólo puede ocurrir cuando dos personas comparten el mismo espacio físico. Le he puesto un nombre al momento humano porque creo que ha empezado a desaparecer de la vida moderna y siento que estamos a punto de descubrir el poder destructivo de su ausencia.

“El momento humano tiene dos pre-requisitos: la presencia física de las personas y su atención intelectual y emocional”

La presencia física sola no es suficiente, puedes trabajar hombro a hombro con alguien por seis horas y no tener un sólo momento humano. Y la atención sola tampoco es suficiente. Puedes prestarle atención a alguien en el teléfono, por ejemplo, pero de alguna manera a la conversación telefónica le falta el poder de los verdaderos momentos humanos. Los momentos humanos requieren energía. A menudo este es el motivo por el cual son evitados.

Un momento humano no tiene que ser emocionalmente extenuante o revelador de cuestiones personales. De hecho, el momento humano puede ser rápido, ejecutivo, y breve. Una conversación de cinco minutos puede constituir un momento humano significativo.

Para que funcione el momento humano Ud. debe dejar a un lado aquello que este haciendo, dejar el celular, desenchufarse de su computadora, dejar de hablar consigo mismo y focalizarse en la persona con quien está. Generalmente cuando usted lo hace, la otra persona sentirá la energía y responderá de la misma manera.   

Juntos crearán rápidamente un “campo de fuerza” de un poder excepcional. Los efectos positivos de un momento humano pueden durar aún hasta después de que las personas involucradas se hayan despedido y alejado. Sin embargo, los beneficios de un momento humano no duran eternamente. Correr una carrera de 5 kilómetros el día lunes es fantástico, pero sólo si también corres el miércoles y el sábado. En otras palabras, debe tener momentos humanos regularmente para que tengan un impacto significativo en sus relaciones. Para la mayoría de la gente, no es difícil de lograr.

“La gente se siente sola, aislada, o confundida en el trabajo. La solución invariablemente implica rellenar sus vidas con momentos humanos”

El Momento Humano desaparece.

Los seres humanos son resistentes. Pueden lidiar con casi todo, siempre y cuando no se encuentren demasiado aislados. Pero las personas del mundo de los negocios sienten que mientras sube la marea de la hiper-conexión electrónica, el panorama laboral, en ciertos aspectos, cambia para mal.

Cuando los momentos humanos son pocos y espaciados, la hipersensibilidad, la desconfianza en uno mismo, incluso la agresividad, y la falta de cortesía pueden ser observadas en las mejores personas. Empleados productivos comenzarán a sentirse mal, lo cual los conducirán a trabajar por debajo de su capacidad o a pensar en buscar otro trabajo. La ironía es que esta clase de alienación en el lugar de trabajo no deriva de la falta de comunicación sino de un exceso de mala comunicación.

Los medios electrónicos son fríos y pueden abrir espacio a grandes malentendidos por malas interpretaciones. El remedio no es librarse de la electrónica sino recomponer el momento humano donde sea necesario.

La ausencia del momento humano en una escala organizacional puede causar un gran daño. Los trabajadores, lenta pero seguramente, van perdiendo el sentido de cohesión. Empieza con una persona, pero la desconfianza, la falta de respeto y la insatisfacción en el trabajo son contagiosas. Pronto habrá cinco o diez personas y luego serán mayoría.  La cultura de la organización se vuelve poco amigable e intolerante. La gente buena se va y los que se quedan están descontentos. Poner a un lado las preocupaciones y comprometer la salud mental, no es bueno para las empresas, las situaciones pueden ser cada vez más corrosivas.

¿Cómo se pierde el momento humano? Los cambios tecnológicos hicieron que mucha interacción cara a cara sea innecesaria y así, el momento humano víctima de la «virtualidad» está desapareciendo en forma natural.

Tenemos la tecnología, por lo tanto, la usamos. En gran parte hace nuestras vidas mucho mejores. Podemos comunicarnos con gente cuando queremos y desde cualquier lugar. Pero los problemas que se generan cuando se pierde el momento humano no pueden ser ignorados. La gente necesita del contacto humano para sobrevivir. Lo necesitan para mantener la agilidad mental y el bienestar emocional.

Preocupación Tóxica


«El momento humano es reemplazado por estrés».

¿Qué ocurre con la psicología de la mente cuando el momento humano se desvanece o se debilita? El momento humano es reemplazado por estrés. Esto es así porque la comunicación electrónica desplaza muchas de las claves que típicamente mitigan la preocupación. Estas claves son: lenguaje corporal, tono de voz, y expresión facial.  

No toda preocupación es mala, por supuesto. En los negocios, la preocupación puede ser una gran herramienta. Es una voz interior alertándote que el problema está en camino. La «preocupación buena» conduce a un planeamiento constructivo y una acción correctiva; es esencial para tener éxito en cualquier esfuerzo. La «preocupación tóxica» es absolutamente otra cuestión. Es ansiedad que no tiene bases en la realidad. Inmoviliza al que la sufre y lo lleva hacia la indecisión o la acción destructiva. Es como estar en la oscuridad. Todos nos sentimos paranoicos en la oscuridad.

Imagine este ejercicio: Ud. está entrando en un callejón obscuro en la noche, todo su cuerpo responderá. Aún si Ud. conoce el callejón, probablemente sentirá los cabellos en la nuca erizarse un poco mientras se pregunta que peligro lo acecha.

“El momento humano es como una luz en el callejón oscuro”

El momento humano ilumina los rincones oscuros y disuelve sospechas y miedos. La preocupación tóxica es la consecuencia más grave de la falta de momentos humanos, pero más comunes son los pequeños malentendidos. Un mensaje de e-mail es malinterpretado; un mensaje de whatsapp es enviado a la persona equivocada; alguien se ofende porque no fue incluido en una lista de distribución. Este tipo de problemas pueden ser tolerados por la mayoría de la gente ocasionalmente. Pero mientras el número de los momentos humanos decrece, el número de pequeñas equivocaciones y malos entendidos suele crecer. Se van acumulando hasta que no hay nada de pequeño en ellos. La gente comienza a preguntarse si pueden confiar en sus organizaciones y, como siempre, comienzan a preguntarse sobre sus propias motivaciones, su desempeño y lo que valen.

El momento humano es un regulador: cuando se lo quitan, las personas son controladas por sus instintos primitivos. El cerebro necesita combustible: descanso y contacto humano. Esta es la razón por la cual, castigos como el exilio y confinamientos solitarios son tan dolorosos. Todo el café del mundo no puede hacer nada por el estado de pesadez mental que sienten muchas personas en trabajos donde no existen momentos humanos.

El antídoto es claro, buscar regularmente conversaciones reales con seres humanos reales. Y si eres un líder, facilitar estos momentos con tu equipo de trabajo de manera regular y sistematizada.

La tecnología ha creado un magnífico mundo nuevo, lleno de oportunidades. Todos estamos en deuda y nunca vamos a volver atrás. Pero no podemos avanzar exitosamente sin preservar el momento humano. El precio que pagamos por no hacerlo es demasiado alto, tanto para los individuos como para las organizaciones.

El momento humano provee el afecto y el sentido de pertenencia que necesitamos en nuestras vidas diarias; nos recompone, nos fortalece y nos completa.

Por suerte, siempre y cuando organicemos nuestras vidas apropiadamente, el momento humano debería ser fácil de preservar. Todo lo que debemos hacer es prestarle atención y hacer que ocurra. Y como líderes tomar el compromiso por que nuestros colaboradores siempre cuenten con un espacio donde ese momento humano pueda suceder.

Referencias:

Hallowell, E. M. (1999). The human moment at work (pp. 1-8). Harvard Business Review.

Allworth, J. (2012). Empathy: The most valuable thing they teach at HBS. Harvard Business Review

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